Cuando alguien se pasa la vida aplicando hipótesis simplificadoras, a veces estas le acaban absorbiendo. Suponer siempre gas perfecto, proceso adiabático y régimen estacionario hace que un estudiante se distancie de la realidad, con el objetivo de obtener una solución manejable, aunque falsa.
El problema viene cuando son señores profesores de universidad quienes se distancian de la realidad. Y no solo en los problemas que resolvemos afanosamente una y otra vez, sino en cualquier otra faceta que nos implique a los alumnos y a nuestro trabajo.
Y es que parece que nos centramos en el modelo de alumno perfecto: a saber, el alumno que está siempre en clase, que se dedica exclusivamente a su asignatura, y que no se ve aquejado por las debilidades humanas habituales (especificamente, cosas como: “no me voy a estudiar esto mucho, porque es un jodido coñazo”). Resumiendo, un alumno que existe exclusivamente para satisfacer sus mas oscuras fantasías pedagogicas.
Por supuesto, es posible que existan algunos alumnos así. Y es que uno ya ha visto de todo. Lo irreal es pretender que todos deban ser así.
Cuando el profesor además tiene una baja autoestima (y, creanme, es algo muy frecuente en los circulos por donde me muevo), al hecho de pensar que los alumnos tienen que ajustarse a un modelo perfecto se le añade la imperiosa necesidad de llevar siempre la razón. Como sea. Y por muchas pruebas que haya en contra.
Así, una patología muy común es pensar que si nadie va a sus clases es una falta de respeto hacia ellos. Por supuesto, nada mas lejos de la realidad. Y la realidad es que ciertos profesores (catedráticos, doctores, y hasta Caballeros de la Mesa Redonda si nos ponemos) nos piden una deferencia: acudir a sus clases. Pero ellos no tienen la deferencia de hacer bien su trabajo: es decir, dar las clases bien.
Un profesor en paz consigo mismo se preguntaría por que motivo la gente considera que le va a ir mejor no ir a sus clases. ¿En qué cabeza cabe que, en muchas ocasiones, uno sienta que el acudir a unas lecciones de un tema sobre el que le van a preguntar, es una pérdida de tiempo?
Lo dicho, una persona madura se miraría el ombligo, y admitiría que tal vez, solo tal vez, parte de la culpa es suya. Hay personas que transmiten sus conocimientos mejor que otras. Pero, aún sin tener un talento natural para la enseñanza, se puede enseñar razonablemente bien. Basta con dedicarle un poco de tiempo. Organizarse. Buscar bibliografía decente. Y ponerse en la piel de los demás. Sin embargo, una persona inmadura (por muchas canas que peine) o una persona sobremadurada (gente que debería estar en un museo, y no por su edad, sino por sus ideas antediluvianas) tenderán a culpar del fracaso en sus asignaturas a los alumnos.
Y, señores, una asignatura fracasa cuando la gente no va a clase, una asignatura fracasa cuando no suscita el mas mínimo interés en los alumnos, y una asignatura fracasa cuando la gente no la aprueba. Y eso es culpa de los profesores.
Por mi parte, otra mas para septiembre. ¿Qué importa? Al fin y al cabo, solo soy un número en sus estadísticas.
